La verdad inolvidable: Justicia y Educación

A todos ha de haber ocurrido que una experiencia intensa nos hace sentir algo tan verdadero que nos gustaría no dejar de sentirlo, porque cuando el sentimiento está ahí, fresco y en todo su esplendor, pareciera que podemos hacer cosas de las que no nos creíamos capaces. Es, por ejemplo, lo que sentiríamos si vemos que a una abuelita le roban la cartera en la calle y el ladrón viene corriendo hacia nosotros: quizás le haríamos una zancadilla para botarlo, quizás lo empujaríamos, otros sacarían una voz que desconocían para gritarle algún insulto. Es también lo que nos pasaría si vemos que una madre le pega con violencia a su hijo en un mall: tal vez la detendríamos y le diríamos lo dañino de su acción, quizás intentaríamos calmarla y proteger al niño, quizás sólo la miraríamos con evidente desaprobación y agitaríamos la cabeza, algunos más apasionados le gritarían todo lo que piensan sobre su calidad de madre. Sabemos que hay personas en el mundo que no harían nada, y probablemente lo entendemos. ¿Pero creemos que es lo que corresponde hacer?

¿Cómo actuamos cuando vemos una injusticia? ¿No nos nace acaso una pasión que en otros momentos nos es desconocida? ¿No es acaso esa pasión, ese ímpetu, tan humano como cualquier otro sentimiento? ¿Y no es acaso éste, por su naturaleza fundada en el deseo de justicia, absolutamente loable? ¿Y, por último, no nos gustaría mantener siempre presente y viva esa hambre de justicia y no solamente sentirla cuando nos toca ver la injusticia frente a frente o vivirla en carne propia?

Es imposible dedicarse a contemplar la injusticia eternamente, y parece entonces imposible también desear la justicia con fervor todos los días, sin cansancio. Pero hoy en Chile la educación genera y profundiza las desigualdades, y nos olvidamos. Hoy en Chile los afortunados estudian con los afortunados, y los pobres estudian con los pobres, y también lo olvidamos. Hoy en Chile donde naces define quién puedes llegar a ser, de forma exagerada y en casi todos los casos, y es casi imposible recordarlo todos los días. Pero aún más grave es que hoy la gente de mi país se desconoce a sí misma, quiere evitar encontrarse en la ciudad, en los colegios, en los teatros, en los parques, en las playas, en la Iglesia, en la calle. Hoy existe el deseo fervoroso y vivo no de justicia, no de unidad, no de solidaridad, sino de que la injusticia de la sociedad no me afecte a mí, de que el ruido de la marcha no interrumpa mi estudio, de que el paro no me haga perder un día de clases, de que la protesta en la calle no atrase el viaje a mi casa. Eso sí que parecemos tenerlo siempre presente.

Pues yo no pido, entonces, que todos los días tengamos por la desigualdad en la educación la rabia apasionada que sentiríamos ante un ladrón, o ante una madre que golpea a su hijo. Sólo pido que recordemos que los sentimientos son pasajeros, pero que la injusticia permanece. Que ésa sí sea una verdad inolvidable.

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Pertenencia (la sensibilidad histórica)

¿Qué es lo que nos remece al caminar por piedras que otros, tan antiguos, han pisado? ¿Qué extraña sensación de pertenencia humana nos aturde al andar por donde antes mataron cristianos, se gestaron decisiones que cambiaron la historia o por donde han pasado caballos de hombres ausentes hace tanto tiempo? ¿Los imaginamos acaso? ¿Somos capaces de sentir su olor?

Pertenecer es lo más cerca que podemos estar de la historia, no hay forma o disciplina que nos haga más históricos que estar involucrados con el alma de un pueblo. No es esta alma algo recóndito, no es algo insondable. El alma del pueblo está presente en su territorio, en sus edificios, en sus callejones, en su iglesia, en su basura, en sus piedras, en sus hombres buenos y en sus asesinos, en sus mujeres cálidas y en sus prostitutas. Porque el alma de un pueblo no es algo puro y blanco, es amplia, diversa, intrincada, y cambiante.


Las calles de Cataluña están llenas de historia, uno siente que sus piedras han visto al hombre orgulloso y enorme, y al canalla subterráneo. No le es posible al caminante que viaja con el corazón abierto caminar sin agotarse, agotarse de pertenecer, agotarse de historia, agotarse de tanta alma codificada en rocas. Una vez abierta la puerta de la conciencia histórica,  y más aún, de la sensibilidad histórica, podemos descubrir cómo todo nos grita: ¡antes que tú, hubo otros! 

Hoy llueve en Tarragona, las calles son como siempre estrechas, si te paras en una y miras al cielo, entre las dos columnas de ventanas que se te abalanzan, las gotas se vuelven nítidas. Primero pensé en lo romántico de la lluvia cuando uno está de viaje, y sólo luego pensé en que por esas calles otros hombres habían visto esta misma lluvia. Sí, una lluvia exactamente igual a ésta: en algún enero antiguo llovía también en Tarragona. Cuando las raíces, el idioma, y las ropas eran otros, la lluvia era todavía la misma.

Donde hoy estoy, antes otros estuvieron y cuando yo muera otros estarán después de mí. Puede que Cataluña desaparezca algún día, como todo lugar en el mundo puede desaparecer, pero el sol de Abril será el mismo, las nubes tempranas serán las mismas. Aunque el hombre caiga, la naturaleza permanecerá, y en ella el hombre encuentra su continuidad. Yo soy hombre como otros lo fueron, y hoy escribo lo que otros hombres escribieron, lo que otros hombres algún día pensaron: soy yo quién está lloviendo.

                                                                                                                            - Tarragona 27/01/2011 

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Retorno al jardín

Acompáñame al jardín, le digo, necesito averiguar algunas cosas. Mientras mi boca articulaba esas palabras crecía en mí la certeza de que esa invitación no era una buena idea. Cuelgo el teléfono y me pongo a recordar que la última vez que fui al jardín también lo invité. Aquella vez estaba cerrado, nos quedamos los dos afuera mirando el letrero o, más bien, el papel escrito con lápiz pasta, que informaba que, por remodelaciones del museo anexo al jardín, no habría visitas después de las dos de la tarde. No pude averiguar nada ese día. Pero estaba ahí con él para conversar. Quizás podría entrar en sus ojos y averiguar las cosas que necesito saber. Quizás no necesitaba el jardín para entrar al jardín.

Por lo menos una vez a la semana mi mamá y yo almorzamos en Providencia. Vamos a un restorán, comemos lo de siempre, no siempre hablamos. Hoy es distinto, tengo que hablar con ella. –Tomé un ramo en la universidad donde escribimos sobre nuestras visitas a algún lugar, yo elegí el jardín de San Francisco –le digo -Ya –responde. Le cuento que para el próximo trabajo necesitamos encontrar los recuerdos que envuelven a los lugares y que por eso necesito hablar con ella -Así que almorcemos, ¿puedes?Por supuesto, a la una en la Pizza Napoli, que sólo ahí venden arroz blanco y estoy mal de la guata.- Santiago es un infierno. No creo necesario repetir lo que ya todos han dicho sobre la ciudad de cemento y el sol. Llego al restorán, me siento donde siempre, qué bueno que está libre uno de nuestros puestos favoritos. Conocemos a todas las camareras del lugar, hoy me atiende una muy joven que llegó hace poco. Sus labios están pintados de un color tan profundamente rojo que ya desde lejos uno puede sentirla cerca. Trae individuales y cubiertos para dos, también pan y mantequilla en bolitas. -¿Me puede traer ají? –Su cara comienza a enarbolar una pregunta –Rojo, ají rojo en crema, por favor- aclaro. La camarera de labios rojos va por el ají rojo mientras yo espero solo en una mesa para dos. Como de costumbre, se equivoca y trae el ketchup. Se devuelve por el ají verdadero; mientras la veo alejarse diviso a mi mamá entrando.

Decidimos dar la vuelta a la iglesia y seguir la calle de adoquines en busca de un lugar tranquilo. No fue sino hasta que volvimos y miré hacia el suelo que se me ocurrió pensar que era imposible que ese camino diera a un lugar tranquilo si algunos adoquines habían sido reemplazados por piedras con nombres de desaparecidos en dictadura, apresados o matados en esa misma calle. Muchos eran más jóvenes que yo, una tenía el nombre de su madre. Encontramos unos bancos de madera y nos sentamos a conversar. Era extraño hablar ahí, había edificios antiguos rodeando la pequeña plaza donde estábamos y las ventanas eran como ojos observando el desenlace de la tarde. Recuerdo que lloré. Me dijo que no podía darme la relación que yo necesitaba. Cuando intenté, horas más tarde, explicarle a mis amigos qué le había dicho en respuesta, me vi enredado en mis recuerdos, mis planos estaban totalmente superpuestos. Sé que le dije que yo siempre había pensado que los problemas se resuelven, que las relaciones no se acaban por cosas como ésta. El día anterior le había dicho que yo le daba muchos motivos para estar triste (mi pasado, mis responsabilidades en la universidad, mi familia que no lo deja ir a mi casa) y que no podía recordar un mes en el que no hubiéramos tenido alguna pelea. Sean las que hayan sido, mis palabras lo hicieron abrazarme con ternura. Volví a llorar. Estábamos bien. No había averiguado nada sobre el jardín de San Francisco. Tendría que volver otro día.

¿Sabes a qué se refería mi papá cuando me dijo que teníamos una conversación pendiente? –le pregunto. –Supongo que quiere hablar contigo sobre todo esto. –El día anterior me habían negado la posibilidad de llevar a Daniel a mi casa una vez más. Mi papá se había ido de viaje a Bélgica y mi hermano estaba en la playa por el fin de semana, es decir que ninguno de los que más se oponen a mi relación estaría presente para la fecha en que había pensado invitarlo. –Tú sabes que es algo complicado para nosotros. Tú sabes que creemos que está mal, no podemos hacer nada que avale tu relación. Si fueran amigos no habría problema. No es algo personal contra ustedes, contra ninguno de los dos. –Yo le digo que entiendo todo eso, pero que alguna vez tendrán que hacerse cargo, que están alimentando un conflicto silencioso, que qué pasaría si terminara con Daniel por esto, cómo se sentirían en ese escenario. Mi mamá está inquieta, tiene pena. Llega su arroz blanco con pollo a la plancha. Yo pedí lo mismo. Es un buen lugar acá, traen la comida rápido. Lo comemos con tranquilidad, a nuestro alrededor la sala está llena de gente. Me trato de preocupar de los objetos, de lo que envuelve a este momento. Pienso en el jardín mientras vierto un aceite de oliva muy verde sobre el tomate de mi plato. Se parece al agua de la fuente que está en su centro, siempre sucia pero con peces. Aparte de este recuerdo, no puedo sentir nada más. Está bien pensado este restorán, es agradable, sencillo y sin distracciones, te hace comer directamente, sin rodeos, para ceder tu mesa al próximo cliente. –Esto es difícil para mí, todos hacemos sacrificios. Tú sabes que estoy de acuerdo con tu papá, pero también sabes que haría las cosas distinto. – Yo ya no quiero hablar más sobre esto. Me dan ganas de grabar todo para mostrárselo a Daniel, para que vea cómo son las cosas, que entienda que realmente no puedo combatir a mi familia, que no es que no quiera hacerlo, que escuche cómo nos defiendo y se enorgullezca de mí. –Tuve problemas con Daniel por esto. Él siente que los justifico, me dijo que no puede estar con alguien que justifica algo así. No me pide que las cosas cambien, sólo quiere sentir que estoy convencido de que la actitud que ustedes tienen está mal. -¿Y tú qué le dijiste? Que no los justifico. Pero que crecí con ustedes y que son parte de mí. – Surge el jardín en mi memoria. Surjo yo como una semilla en el jardín de mi casa, como un árbol al que podaron y que tiene cicatrices de árbol.

Llegamos al jardín, esta vez está abierto. Estar con él sin duda hará más difícil la labor de averiguar para mi trabajo, pero nuestra relación pende de un hilo nuevamente y necesitamos conversar. Finalmente lo va a conocer, le he hablado tanto de este lugar, se lo he contado, ha escuchado los pájaros que grabé, ha leído mis trabajos para mi ramo de universidad. Después de pagar el aporte voluntario obligatorio de quinientos pesos, lo llevo hasta el centro del jardín. No quiero que aparezca nadie a quien sería útil entrevistar para no distraerme. Me he engañado al venir acá, sé que no haré ningún esfuerzo por obtener un poco de información sobre este lugar. Estamos sentados junto a la fuente, me dice que siente que justifico a mi familia, que si eso no puede cambiar él no lo va a poder soportar. Me dice que me habla consciente de lo vivido, lo reído, lo llorado y lo amado. Yo estoy algo aturdido, pensaba que estábamos bien. La noche anterior habíamos discutido porque no quería pasar la noche en su casa, mi familia me ha pedido que trate de no hacerlo y yo hago lo posible por distribuir mis tiempos entre ellos y mi pololo. Dos noches seguidas era demasiado. Aparece el jardinero, es justo al hombre que necesitaba para mi trabajo, él ha cuidado este lugar por más de veinte años, sabe cómo se llaman los pavos reales y los gallitos, sabe cuántos años tienen los peces de la fuente y cómo cuidar a cada una de las plantas. Cuando planeaba esta visita hice una lista mental de qué preguntas sería interesante hacerle, como por ejemplo qué tipo de personas visitan al lugar, si vienen parejas, qué otros animales han tenido, si conoce a los franciscanos, si rezan en este lugar. En ese mismo momento esas preguntas empezaron a volarse de mis manos, ya no tenían propósito, parecían ridículas al lado de la catástrofe que tenía en mis hombros. Los ojos de Daniel, las puertas a mi jardín más verdadero, se estaban cerrando. Una mujer muy joven se acerca corriendo a saludar al jardinero. Le hace muchas preguntas sobre cómo ha estado el jardín, sobre cómo ha estado él. El jardinero le comenta los nombres de los pavos reales, yo los olvido en ese mismo instante.

-¿Te acuerdas cómo fue ese día que me llevaste al jardín de San Francisco? –Sí, lo recuerdo. Tú tomabas clases de piano en esa casa antigua y oscura que a mí me producía mucha angustia. Yo estaba en la oficina y te imaginaba ahí, tenías que esperar horas entre una clase y otra. Un día no lo pude soportar, compré unos pancitos y unos jugos, inventé una excusa en la oficina y salí a buscarte. Te dije que te llevaría a un lugar secreto porque a los niños les gustan esas cosas. Supongo que quería darte el mensaje de que siempre que estuvieras en un lugar oscuro podías ir a otros lugares que te hicieran más feliz. Una vez había hecho algo parecido, te fui a buscar después de gimnasia, ¿te acuerdas? –No, no me acuerdo. Pero, ¿cómo estaba yo? –Tú estabas en una edad en la que te estabas diferenciando de los otros niños, estabas muy inquieto y curioso y surgió esto del piano como una novedad… -¡No! ¿cómo estaba en el jardín? –Ella entiende mi pregunta y hay entonces un silencio. Daniel se levanta de mi lado, me pregunta hacia dónde está la Alameda, nos despedimos y dejamos atrás la fuente. Dos días después nos prometeríamos intentar solucionar nuestros problemas. Toco con la cuchara el borde enlozado de la taza de café, el sonido hace que mi mamá me mire fijamente: –Estabas feliz.

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Acá también se mueve

A ratos escucho música para morir, es un pequeño trueque que hago con la existencia. Cuando escucho música para morir sé que nada me pasará hasta que llegue ESA parte de la música en la que la muerte corresponde. Me siento seguro en todos esos minutos, pero el destino se torna incierto cuando llega el momento, el momento en que digo: ahora es cuando muero.

Hoy estoy muy tenso. El terremoto fue el sábado pero sigo temblando adentro, estoy plagado de réplicas de origen desconocido, todo me toca. A veces pienso, si ésta ha sido la época en que tantos se han ido, por qué no puedo ser yo. Pues sí puedo ser yo, la muerte es fácil en estos días, la muerte avanza pasos inesperados en la carrera contra la vida y tomará tiempo equilibrar la balanza.

Así que hoy escucho mi música para morir y me siento seguro. Pago el precio de la incertidumbre, la caída de un poste, un auto que se sale del camino, la réplica que acabe con el mundo, justo cuando unos violines indican el final, o cuando la cuenta regresiva de la canción llega a 0. Si así fuera, si así muriera, ¡qué muerte más dolorosa!. Qué muerte más solitaria.

(como todas las muertes, me digo a mí mismo)

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Nada que celebrar

En democracia, la victoria política no hace a un hombre intachable. Me sorprende ver tanta fiesta, yo mismo casi voté Piñera y entiendo que hay cosas que puedan alegrar: la alternancia, las caras nuevas, dar la posibilidad a otra manera de hacer las cosas. Pero nadie debería olvidar que ninguno de los candidatos nos convencía, de que ni Piñera es tan derecha ni Frei tan izquierda, de que la Concertación está guateando y que la Coalición por el Cambio va a seguir metiendo las patas.

El panorama político es decepcionante en sí, no vemos hombres transparentes, ya nadie nos mueve el corazón, estamos rodeados de publicidad pero de muy poco liderazgo.

Hoy ganó una visión de país demasiado cercana a la visión de que el progreso humano es igual al progreso económico. La otra opción era una visión de país que hace vista gorda a sus propios errores, llena de tuercas oxidadas y demasiado entrampada en su propia tradición. Podemos elegir el mal menor, sí, y hasta ponernos un poco contentos de que gane el mal menor, pero no podemos estar completamente contentos. No podemos estar orgullosos de esta elección. No hay orgullo alguno en haber tenido que elegir entre dos candidatos mediocres, entre dos bandos mediocres. Hay consuelo, quizás, pero no euforia. No puede haberla.

Chile no debería estar contento, sino con ganas de reflexionar, deberíamos tener un Chile introspectivo en vez de un Chile embobado por el hechizo de la victoria y la fanfarria colorida del bando ganador. Hoy, 18 de enero del 2010, Chile no tiene nada que celebrar.

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Brevísimo acercamiento a las aplicaciones de Facebook y su evolución

Conocí Facebook porque mi amiga Laura me habló de él. Me contó que todos los "chicos top" (etiqueta irónica) lo usaban, nos reíamos de ellos, por supuesto. Ella me dijo que no le parecía la gran cosa pero que habían unos tests bien chistosos. Ella me contaba y yo me mostraba escéptico, hasta que lo vi con mis propios ojos. Recuerdo que Facebook LA HIZO conmigo, nada me parecía más entretenido que averiguar qué artículo de oficina me representaba mejor, o qué estación del año era.

Y así comenzó todo, Facebook atrajo cada vez a más personas, éstas llegaban para tener contactos, para saber de sus amigos o de sus conocidos, pero se quedaban porque las ofertas de aplicaciones eran muchísimas y se proyectaba que se hicieran realmente infinitas. Muchas veces tenía que hacer limpieza de la página principal que se colapsaba de tantos test que respondía, empezaron a resaltar los perfiles pulcros que escogían con pinzas qué responder y qué no y cuya página cargaba en un segundo, porque no era lo usual.


Las cosas comenzaron a cambiar cuando la mano del "usuario masivo" comenzó a notarse. Los test se volvieron cada vez más ridículos, menos enigmáticos y más feos. Si querías conocer qué personaje de Los Simpsons eras, las preguntas ya no eran sutiles ni pretendían escudriñar tu verdadera personalidad, ahora eran del tipo "¿Dónde sueles pasar el tiempo?", o "Defínete en una palabra", y las alternativas apuntaban directamente a uno de los resultados, como "En la Taberna de Moe" (si quieres ser Homero), o "Revoltoso" para Bart o "Inteligente" para Lisa.

Les digo aquí y ahora: ésa no es la gracia de un test. Pensé en hacer un test-performance a modo de protesta: "Descubre tu verdadera personalidad", con una sola pregunta, "¿Cuál es tu personalidad?" y alternativas del tipo: alegre, ayudador, solitario, nostálgico, agresivo, etc. Cuyo resultado fuera la misma alternativa señalada. Pero no lo hice.

El fin de la era de los tests era inevitable. De paso vino la tremenda renovación del diseño de Facebook, contra la que aún algunos nostálgicos luchan uniéndose a grupos contrarios a ella. Pero en realidad el nuevo diseño de Facebook era infinitas veces superior al anterior, permitía separar para siempre las el muro de todo lo demás, y que el perfil cargara más rápido. Pero la era de los tests no tenía cómo regresar, empezó la era de los highlights, de la comunicación inmediata de las cosas, de postear links sin necesidad de alguno de esos muros especiales (Funwall, etc). La interacción se posicionó como leitmotiv de Facebook. (Es cierto, aún rondan algunos tests, pero ya nadie pasa tardes respondiéndolos, y los que circulan buscan principalmente la originalidad, hubo una gran marea de tests azarosos, precursores del último movimiento de aplicaciones existente, pero ya hablaremos más adelante de ellos)

Como el contacto interpersonal vino a marcar la diferencia de Facebook con todo el resto de las comunidades-web, las aplicaciones se pusieron al día. Al principio fue comparar gustos (toda la familia de aplicaciones Like/Dislike), luego Drinking Buddies, Super Poke, etc, todas permitían interactuar con "aires más reales" a los usuarios. Luego surgieron algunas más complejas como Friends for sale, Are You Interested, y un incipiente Friend Facts que comenzaron a ganar popularidad. Las interacciones que permitían estas plataformas nos daban la sensación de que realmente podíamos generar una vida virtual, no sólo podía pasar y decirte" hola", podía decir cuánto costabas y jugar a venderte, podía pasar a coquetear, jugar a adivinar si habías hecho cosas, comparar mis gustos, mandarte una cerveza, un animalito, una flor para tu jardín.

Y llegó Guerra de Pandillas, momento "bisagra" en la historia de las aplicaciones de Facebook. La idea era que la interacción entre los usuarios estuviera configurada como una competencia mafiosa, conseguir dinero para comprar propiedades y armas, que tuvieras puntos de fuerza, que pudieras pelear contra cualquier otro usuario, hacerte rico con el sudor de la frente. Su éxito fue rotundo, nos encantó.

Pero este sueño acabaría con el balde de agua fría que todos recordamos. Un día todos fuimos ricos en Guerra de Pandillas, la aplicación perdió sentido. Por un error de programación o un hackeo, todos los usuarios tuvieron millones a su disposición y pudieron comprar todo lo que quisieron. ¿Solución? se reseteó la aplicación a una fecha arbitraria, trayendo consigo pérdidas innumerable de progreso en el juego y la consecuente deserción masiva de usuarios. Fue entonces que nos dimos cuenta de que en la realidad le tenemos miedo a los cuchillos y que nunca hemos pegado un combo. Que somos pobres o al menos no lo suficientemente ricos como para tener cinco saunas. Algunos intentaron continuar pero ya no había chispa. Se acababa la era de la interacción virtual en las aplicaciones de Facebook. Estuvimos despojados, las aplicaciones "juego" que siempre habían estado rondando vivieron su época de bonanza, porque a todos nos gusta jugar y no había mucho más que hacer. Acá sobrevino el mayor éxito de Word Challenge, Who has the biggest brain, y todo tipo de aplicaciones que ofrecían comparaciones lúdicas. La necesidad de aplicaciones de este tipo jamás abandonaría a los usuarios de Facebook.

¿Qué más podía ocurrir en Facebook? Tras la decepción latente y aún fresca del concepto de interacción basada en aplicaciones, el resto de las aplicaciones de este tipo comenzó a caer en desuso. Creo que yo todavía tengo un precio en Friends for Sale, pero a nadie le importa, ni a mí. Las aplicaciones necesitaban una respuesta, una aplicación capaz de generar interacción pero sin pretensiones demasiado grandes que significaran una nueva gran decepción para la comunidad. También, poco a poco, comenzaron a volver a ganar un poco de terreno los tests, pero con aires mucho más místicos (cuándo vas a morir, cuántos hijos vas a tener, el nombre de tu pareja, sobrevivirás al ataque zombie, a la gripe porcina, etc). Existía la necesidad de condensar lo personal-manifestativo con lo personal-lúdico-liviano. Y apareció Living Social.

Living Social posee una gran base de datos, una gran representación de los íconos de la humanidad, un mensaje para enviar a otros planetas si queremos darnos a conocer. Pick Your Five fue el gran éxito, la libertad era absoluta, uno escogía qué categoría quería responder y escogía "sus five". De pronto era posible manifestarse en cualquier ámbito de lo humano, en cosas serias y en cosas livianas, en los 5 mejores políticos de un país, en las 5 mejores maneras de suicidarte, en las 5 cosas que no cambiarías por nada, las 5 mejores películas, las 5 mejores canciones. Un lujo. Esto, sumado a la otra modalidad, en la que uno vota en una "encuesta global" sobre diversas cosas (desde el aborto hasta a cómo le dices al corrector, que por cierto se llama corrector y no tipex), satisfizo a los usuarios por un gran tiempo.

Fue una plaga, el muro se llenó de opiniones, un gran foro interminable, un contagio inevitable de unos a otros. Dentro de lo abrumante que se volvió la realidad de Living Social, casi pasaron desapercibidos los primeros tests azarosos. Los menos afortunados tenían nombres como "el test más extraño que jamás hayas hecho", pero otros muchos más sutiles guardaban la sorpresiva respuesta hasta luego de haber contestado respuestas muy serias. Una exquisita tomadura de pelos, aires frescos al agotadísimo recurso del test. Así, poco a poco, tests como "That's not even a question", "In what BADASS way will you top yourself", "qué wea es usted?", "test psiquiátrico de Arkham Asylum" e incluso "Qué piropo de obrero marxista sos" se posicionaron con éxitos inmediatos, pero fugaces.

Living Social alcanzó su peak, de cuando en cuando aún aparecen discusiones acaloradas o votaciones que generan mucha participación, los tests bizarros seguían gozando éxito pero siempre pasajero. Pero la moda cambió, algún visionario logró notar que algo de los tests azarosos causaba sensación pero a la vez otro elemento les daba poca vida útil. Los usuarios de Facebook, como siempre, querían respuestas, que les dijeran que eran así o asá, que mañana tuvieran cuidado, que les regalaran una frase curiosa, bonita, inútil o graciosa, algo. Pero la comunidad de Facebook no había olvidado la ya árida época de los tests, los usuarios ya no querían responder preguntas. Entonces apareció la Galleta de la Fortuna. Sólo un click bastaba y un consejo era regalado, un intento de adivinar el futuro. Su boom fue impetuoso, ni el de Living Social había sido tan precipitado. De un día para otro TODOS usaban la galleta de la fortuna. Los miembros de Facebook ya no querían andar respondiendo tests, querían su frase misteriosa de inmediato, como el Horóscopo pero más diverso, más actual, más propio. Entonces comenzó a gestarse la nueva generación de aplicaciones azarosas, como la cada vez más famosa "Tomás ha tenido su minuto filosófico", hasta llegar a la expresión máxima de la amalgama entre pertenencia y azar: La Caja de Pandora, con una base de datos enorme y que crece exponencialmente. Un botón y CUALQUIER COSA aparece, un botón y hemos llegado al final del proceso dialéctico de desarrollo de las aplicaciones de Facebook, en el que el azar, la expresividad y lo total han encontrado cabida al mismo tiempo.

Todo este camino ha sido, a lo menos, hermoso. Reflejo de lo volátil que es la sociedad misma desde el momento en que cada persona es también un ser inconstante. Me parece sorprendente que siempre que miramos el pasado y nos plantamos con firmeza en el presente no como una circunstancia, sino como una conclusión de hechos anteriores, nos resulta imposible pensar en un futuro, ya que parecemos siempre estar parados en el final de la serpiente que se come a sí misma. O quizás el principio.

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Cosas que me molestan

Cada vez que me toca viajar en Metro o en micro me pongo a pensar en temas para una columna imaginaria que tengo en mi cabeza, pero eran tantos que me abrumaba y no podía ni siquiera empezar. Ahora logré ver la conexión entre muchos de ellos:

Cosas que me molestan

1) La Farándula:

Me topé con la farándula hoy en una sala de espera, específicamente en el diario gratis La Hora, hablaba sobre las polémicas fotos de una opinóloga X (Alejandra Álvarez). Explicaba el diario que Pamela Díaz había divulgado el portal donde estaban las fotos en respuesta a que Alejandra Álvarez había declarado que la hija de Pamela Díaz no tenía derecho a estar en colegio católico luego de que su madre hiciera "el baile del caño". EN FIN, lo impresionante es el nivel de discusión, lo impresionante es quedarse en las peleas de pendejos, lo impresionante es que haya espacio (Y QUÉ ESPACIO!) para estas cosas no sólo en los medios, sino en La Mayoría. Porque si hay farándula es porque a todos les gusta, porque mi abuelita la ve en la tele.

A mí me dan ganas de decirle a Pamela Díaz: ¿ERÍ WEONA?, pero también la entiendo, como una drogadicta de la farándula, que entró, que seguramente no quiere estar pero ya está y que igual le gusta, obvio, y no puede parar. Así también para la opinóloga. Así también para todos estos programas IMBÉCILES de farándula incisiva, que lo que hacen principalmente es confundirle a la gente el concepto de Periodismo (porque no son periodistas, pero para el inconsciente colectivo toda persona en la tele con un micrófono es un periodista). Yo no sé ustedes, pero a mí me duele la guata con este asunto: ver a estos pelagatos haciendo un trabajo tan patético, tan simplón y tan arpío. Pero principalmente me duele la guata por verlos con el pecho tan hinchado, por sentirse los jefes de ese mundo irreal en el que la farándula es lo más importante. Qué asco.


2) Sobre el Examen del Sida:

Hoy día me fui a sacar sangre por un remedio de la dermatóloga. A mi lado, en la recepción, un hombre preguntaba si era necesario tener una orden médica para hacerse el examen del Sida. LE DIJERON QUE SÍ. ¿Pueden creerlo? Yo no lo entiendo, pero como supongo que hay motivos intenté deducirlos solito. No he investigado nada, pero me tinca que es porque el tipo se iba a atender por Isapre, y la Isapre no va a querer que alguien se haga el examen del Sida de manera indiscriminada, así con todos los otros examenes también. O sea, es tonto, nadie va a querer hacerse exámenes porque sí, o para joder a las Isapres, pero quizás lo consideraron. O quizás no sea por eso sino que sólo para mantener un control, en algún sentido, quizás sea una política del Centro Médico no más, porque hasta donde yo sé hay lugares para hacerse el examen así no más. En realidad no sé las razones, debe haberlas y quizás no esté de acuerdo, pero ahí está.

(De soslayo lo que me molesta profundamente, aquí y muchas veces, es que las razones de las políticas aplicadas no se explican, no se enseñan, sólo conocemos la consecuencia, y algunos se enojan, otros patalean, otros se enrabian (como yo), porque así, con la mitad del asunto a la vista, las reacciones siempre tendrán margen de error)


3) El Marketing de la Cultura y el Arte:

DE VERDAD ME ENOJO cada vez que veo algo como: RedCompra acerca el Arte a la gente (por sus copas con diseños de pintores), Roberto Bravo acerca la música a la gente (cuando toma un piano y lo pone en la mitad de una isla pequeña en el sur de Chile y toca un concierto), Metro acerca la cultura a la gente (por sus diversas exposiciones, aunque este acto es mucho mejor que el resto de mis ejemplos), etc.

Qué pasa. Pasa que la Cultura no es un asunto transitorio, sino permanente. Lo importante no es que haya una manifestación cultural al frente mío, sino que me quede adentro a mí, que pueda acercarme a ella. Si yo tomo mi piano y voy a tocar a una isla mi repertorio Europeo, o mi repertorio latinoamericano, o mi repertorio de películas, o mi repertorio popular, no estoy llevando a la gente más que un día con sonidos nuevos, pero no estoy consiguiendo ni una pizca de entendimiento de parte de nadie. Si a mí me ponen un cuadro y yo soy ciego, no lo veo, no lo comprendo, no lo asimilo, no soy más culto, la cultura no está más cerca mío. Es lo mismo, acercar la cultura no pasa por ponerle música a la gente, ni por ponerle pinturas en las servilletas (que se está haciendo, Ojo), sino por incluir estas manifestaciones en el espíritu (entiéndase como se quiera, pero no son las servilletas, lo aseguro). Entrevistaron en la revista Paula a una de estas pintoras que salió en las servilletas y ella dijo que esperaba que en los hogares se conversara sobre los diseños de las servilletas, con los hijos, entre todos. SALEPALLÁ, eso no va a funcionar es obvio.

De todos modos, quiero salvarme de los criticones, por una parte esta artista dijo eso porque es parte de todo un programa de Marketing de la fábrica de servilletas, y porque la entrevista en Paula es sólo una parte más de eso. Por otro lado, tampoco quiero decir que el Metro no saque nada provechoso con sus mil manifestaciones artísticas, lo que quiero decir es que eso no va a hacer mucho más culto a nadie, pero principalmente, que "la manifestación cultural y artística" (como concepto) no va a ser más comprendida por ser más frecuente, por repetirse más, sino todo lo contrario (sí, existen los gustos adquiridos, pero no ocurren en el Metro).

Y por último, no he dicho que sea inútil llevar un piano a una isla a tocar música a gente que jamás la había escuchado, probablemente causará emociones en muchos, yo lo he visto, quizás marque a alguien, qué sabe uno si sale un músico increíble de esos lugares tan distantes, Sería Magnífico! pero no me vendan la pomada, no se ennoblezcan por actos que caen a pozos sin fondo, aquí no se está acercando la cultura a la gente, sino a la gente que ya es culta. En el resto de los casos sólo se trata de llevar un show de variedades.


4) El sensacionalismo emocional:

Murió el general Bernales, pero no voy a hablar. Murieron las niñas del colegio cumbres, y sí voy a hablar. Es uno de los hechos más trágicos que ha ocurrido últimamente en este país, y si bien no me uní a un grupo en facebook para manifestar un pésame a los involucrados (porque a fin de cuentas no los conozco), está clara la magnitud de la tragedia, yo la veo.

Pero ahora salen unos Parlamentarios con una solicitud para ponerle a la carretera del accidente: "Cumbre de nueve ángeles", junto con la construcción de un monolito. Bien, es una cosa apropiada un homenaje así, ¿pero no les huele a populismo? Cuántas veces hemos visto salas vacías en discusiones importantes, pero acá están los parlamentarios (de diversos partidos) velando por este asunto. Yo les digo que se vayan a hacer la pega que involucra a todos.

Ahora las potenciales excusas: puede ser que los parlamentarios tengan buena intención, y como siempre pasa con estas cosas, la Prensa, al divulgar el hecho, provoca las reacciones que yo aquí expongo. Quizás los parlamentarios la querían hacer piola. Quizás.



Después voy a hablar de estas cosas:

5) Grupos de intolerancia en facebook

6) Cómo todos asumen por cierta la opinión general

7) Conservadores y liberales hueones (los dos)


Por último, un espacio para algo que me gusta mucho:

1) Que el metro nos deje pasar al andén comiéndonos nuestro McFlurry. Eso sí que es Patria!

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